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Accidentabilidad, Rotación, Ausencias, Productividad y Licencias de nuestros Trabajadores: ¿Un solo denominador común?

Según la Asociación Chilena de Seguridad, ACHS, en Chile las compañías pierden poco más de 6 mil millones de dólares por accidentes laborales. De hecho, datos de la Superintendencia de Seguridad Social (Suseso) aseguran que de las 496.282 denuncias efectuadas en un año a mutualidades, un 81% corresponde a accidentes del trabajo.

Frente a este escenario, cabe preguntarnos, qué es lo que no estamos viendo al respecto como sociedad. Según la ACHS, un 29,4% de los accidentes laborales tuvo como protagonista al alcohol y/o las drogas, siendo así el consumo de estas sustancias el factor determinante en estos accidentes.

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Si bien es cierto, los promedios anuales de accidentes en obra han bajado considerablemente desde que se comenzaron a aplicar medidas que fomentan y obligan el uso de ropa y calzado de seguridad en las faenas, aún hay mucho camino por recorrer, en especial en un país donde lideramos la prevalencia del consumo per cápita de alcohol y ciertas drogas.

El uso de AyD (Alcohol y drogas) al interior de los ambientes laborales no solo va relacionado con problemas de salud evidentes entre los trabajadores, sino que atañe de forma directa a la accidentabilidad (como ya hemos mencionado), la ausencia de los trabajadores de sus jornadas, una alta rotación de trabajadores, menor productividad y mayor índice de licencias laborales.

Frente a esa realidad es muy poco lo que hacemos en el país. La mayor parte de los países OCDE contempla medidas de control en el consumo de AyD en los entornos laborales, sobre todo en aquellas industrias que son más sensibles a los accidentes (por la naturaleza de su trabajo). Pero también éste es un ejemplo que han seguido aquellos países que quieren potenciar su industria, como Perú.

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El marco legal peruano establece tres situaciones de falta grave y consecuente despido relacionadas al estado de ebriedad o influencia de las drogas en el trabajo. La primera se refiere a los casos flagrantes en los que el empleador encuentra al trabajador consumiendo alcohol y/o drogas durante el horario de trabajo; mientras que una segunda es cuando se trata de una conducta reiterada, pero que no revista excepcional gravedad por la naturaleza de su función; y la tercera se refiere a la concurrencia, aunque sea única, pero que revista excepcional gravedad por la naturaleza de la función o del trabajo.

Esto es un ejemplo a imitar desde un país vecino, pues ellos no sólo han logrado reducir la cantidad de accidentes en el trabajo, sino que también han logrado bajar considerablemente el consumo de este tipo de sustancias en su población general, siendo una política pública que además apoya la productividad de sus principales industrias.

Incluir este tipo de sanciones en nuestro propio Código Laboral, apoyaría políticas que instituciones como el SENDA y CONASET intentan fomentar en el país, permitiendo que una medida que busca ambientes laborales más seguros y saludables, adicionalmente le haga un cariño a la billetera de nuestras industrias.