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Brasil derrota a Chile ahora en control de drogas

 

Desde que se implementara en Brasil la ley que obliga a los conductores profesionales a realizarse un testeo de drogas en pelo para el otorgamiento o la renovación de la licencia de conducción, las cifras de reducción de accidentes del país verdeamarelho son impactantes. Un 38% menos de accidentes se ha detectado tras la aplicación de exámenes toxicológicos según un estudio de la Policía Federal. La bajada, comparando marzo y julio de 2017 versus el mismo periodo de 2016, fue de siete mil accidentes menos (de 18 a 11 mil).

 Este examen para conductores con licencias de conducir en las categorías C, D y E, que ya ha sido realizado a 650 mil profesionales, se ha convertido en norma por Ley Federal 13.103/15, alcanzando la tasa de positivos un 9% en los exámenes para obtener por primera vez la licencia, y de 2,5% en renovaciones, cifras preocupantes si pensamos que se trata de conductores a cargo de vidas ajenas o vehículos pesados, de gran tonelaje y, por lo mismo, gran peligrosidad.

 

Con esto, Brasil nos vuelve a dar goleada con un testeo altamente eficiente, pues la tasa de permanencia de algunas drogas en el adn capilar es de, al menos, 90 días. Entonces, con una efectividad tan probada, ¿qué esperamos para transformar esto en un estándar en Chile?

 

El sector transporte en Chile es uno de los que más alto porcentaje de positivos por drogas obtiene (11,94%) según el estudio “¿Su empresa da positivo?”, que anualmente realizamos en Global Partners a más de 6.500 trabajadores de distintas industrias.

 

Actualmente en Chile, el único requisito que se le pide a un conductor profesional para obtener una licencia profesional Clase A (A1-A5) es presentar una declaración jurada donde exprese que “no es consumidor de drogas, estupefacientes o sustancias sicotrópicas prohibidas”. La misma exigencia que tiene cualquier persona que quiere manejar su automóvil y obtiene o renueva su Licencia Clase B.

 

Como país, debemos hacernos cargo de esta necesidad y no esperar el llamado desesperado que hubo en Brasil cuando las muertes en accidentes de tránsito a causa del alcohol o las drogas superaron las 60.000.