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Colorado nos enseña que sin fiscalización no puede haber legalización

Las autoridades transparentaron ganancias por impuestos, pero no los gastos en regulación, programas sociales, etc., datos importantes para tener un panorama claro de lo que podríamos enfrentar.

Recientemente, el estado de Colorado anunció la devolución de 30 millones de dólares a sus ciudadanos, gracias a la recaudación conseguida por la venta legal de marihuana. Pese a parecer una cifra alta, ésta dista mucho de los 70 millones de dólares que se esperaban recaudar y no resuelve uno de los principales problemas de este Estado norteamericano a un año de la legalización de la marihuana: la fiscalización de su consumo en los términos que estipula la ley.

La idea final que hay detrás de la fiscalización no es restringir el acceso, de tal manera que acceder a esta droga sea casi imposible y no haya mucha diferencia entre la legalización y la prohibición de su consumo. Permitir la venta apela a la libertad humana, donde cada persona es libre de acceder o no a esta sustancia; pero cada libertad o derecho incluye también deberes y responsabilidades, en especial cuando esta libertad individual puede dañar a terceros. Esto lo podemos ver reflejado, por ejemplo, en el consumo de la marihuana en el horario laboral, que en sectores como el transporte, la construcción o la minería, puede provocar serios accidentes que suelen terminar con heridos graves o muertes.

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Otra arista de este problema de fiscalización es el nivel de THC en la marihuana, el principal componente psicoactivo de la cannabis. En algunos países, el consumo de más de 15 nanogramos de este compuesto es considerado como consumo de una droga dura. De hecho, actualmente la marihuana sintética llamada Spice o K2 -o todas aquellas que son manipuladas genéticamente- puede llegar a ser hasta 50 veces más potente en este componente psicoactivo.

También hay otros factores relevantes a la hora de la fiscalización: en EE.UU ocurre un número considerable de intoxicaciones de niños por consumo accidental de marihuana, y otro tanto por la falta de control en la preparación de derivados comestibles de ésta.

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Cuando vemos estos problemas básicos de fiscalización en sociedades más evolucionadas y organizadas que la nuestra, me pregunto si estamos preparados en Chile para legalizar la marihuana en términos recreacionales.

Aún no hemos sido capaces de fiscalizar la marihuana en los conductores del transporte público y privado, por lo que cabe preguntarse, ¿cuántos accidentes con lesionados y muertes tendremos que aceptar como sociedad, para darnos cuenta que pudimos haber aprendido de aquellas sociedades que hoy experimentan con sus ciudadanos la entrega de libertades sin una estricta fiscalización de los deberes y responsabilidades implícitas en los derechos que se esgrimen?

Es de esperar que temas tan importantes como este, que afectarán a la sociedad en que vivirán nuestros hijos, sea analizada en profundidad, de cara a la ciudadanía y tomando toda la experiencia y evidencia internacional al respecto.