La marihuana necesita más que una ley

Hace poco más de un mes, la Red de Alta Dirección de la Universidad del Desarrollo organizó un debate llamado “The World Should Legalize Drugs”. En el bando defensor de la despenalización estaban el ex presidente Ricardo Lagos y el coordinador general del Grupo Res Pública Chile, el economista Klaus Schmidt-Hebbel. La discusión fue transmitida días después por la BBC de Londres

Los pro-despenalización basaron su argumentación en siete pilares. La mayoría de ellos, respaldados en temas económicos como el aumento incesante del gasto fiscal para producir, comercializar y consumir drogas y alcohol. Otros argumentos más blandos ponían el acento en la corrupción y al aumento de la delincuencia vinculada a la ilegalidad.

El mes pasado, la comisión de Salud de la Cámara de Diputados le dio el visto bueno al proyecto de ley que autorizaría el uso medicinal y recreativo de la marihuana en nuestro país.

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Los legisladores se han entrampado buscándole una salida que deje a todos conformes. Es un tema que concita más desavenencias que encuentros. Más allá de lo que ocurra en la Sala, hay que bogar por un marco social acorde a la norma que un sector busca aprobar. Dentro de ese marco se cuentan las políticas de prevención del consumo, inhibición de consumo en actividades de riesgo y la rehabilitación de adictos.

Caso simbólico de esto es Holanda. Un país que permite el consumo pero con una serie de restricciones. Los coffee shops son los lugares destinados por ley para la venta –no cualquiera– y consumo –no a cualquiera– de drogas. En cuanto a la prevención, han hecho un plan especial para las escuelas. En caso que detecten casos de adicción, el gobierno destina sumas importantes a rehabilitarlos. A eso se le añade una política de coordinación preventiva con la Unión Europea. Cerca de la mitad de sus miembros realizó un estudio sobre drogas y alcohol. Los resultados fueron sintomáticos: la sustancia que más lesiones causa es el alcohol, en segundo lugar, las drogas y en último lugar, su mezcla. Tomando esto, se adoptó conjuntamente una campaña para prevenir e inhibir el consumo de drogas y alcohol.

Basándose en estadísticas, Brasil también resolvió ejecutar acciones concretas. A mediados del año entrante, espera tener aprobada una normativa que le exigirá a los conductores de camiones y buses presentar una prueba toxicológica como condición para obtener o renovar la licencia de conducir. La resolución busca rebajar la extraordinaria cantidad de accidentes de tránsito provocados por ambas sustancias en 2012: 60 mil muertes. Una medida en pro de la rehabilitación.

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En Chile, la pregunta cae de madura. ¿Qué propuestas concretas hay para engrosar el marco legal que busca despenalizar el uso medicinal y recreativo de la marihuana? ¿Cómo se controlará su uso en ambientes laborales, en entornos de salud o en carreteras? En el occidental Estado de Colorado, en EEUU, la ley permite a las empresas impedir el consumo en el lugar de trabajo y/o trabajar bajo sus efectos. ¿Qué hace Chile al respecto?

El país debe estar alineado. Estudios de Nutt y coautores y de Van Amsterdam y coautores clasificaron las drogas según su daño individual y social. Entre las 20 peores del mundo, el alcohol es la cuarta más peligrosa. El tabaco, la sexta. Ambas son legales. La marihuana pronto podría serlo también en Chile. Regularla en los espacios cotidianos y de trabajo es prioritario.

Por Patricio Labatut, Gerente General Global Partners

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